lunes, 28 de febrero de 2011

¿Y DÓNDE ESTÁ EL MUSEO L'IBER?

Para que os sirva de ayuda a los que queréis y podéis acudir a la presentación del jueves día 3 de marzo (19:30) en el Museo L'Iber, Calle caballeros 22.



Esta es la fachada de entrada del museo



Dos recomendaciones que se complementan:
1. Aparcar allí es casi imposible (está muy cerca de la Plaza de la Virgen y la Catedral, ¡imaginad!), por lo que os recomiendo venir en transporte público o dejar el coche lejos.
2. No vengáis muy apurados de tiempo. Se prevé bastante público.

Os espero a todos allí.

domingo, 27 de febrero de 2011

AUDIO DE LA ENTREVISTA EN EL PROGRAMA JAQUE CONTINUO

"El problema de las entrevistas radiofónicas es que tienes que responder en un instante preguntas que te pasas la vida intentando responderte a ti misma"
Mafalda.

Aquí os paso el enlace del archivo de audio de la entrevista del miércoles 23 de febrero en el programa de ajedrez Jaque Continuo de Radio Swing. Os cuelgo todo el programa porque intervine también al principio, pero la entrevista propiamente dicha comienza pasada la mitad del programa o un poco más.

http://www.clubescacsrafabayarri.es/2011/Fer/radio.mp3

jueves, 24 de febrero de 2011

HOY SE PUBLICA EL HECHIZO DE CAISSA

Por fin llegó el día tan esperado.  A partir de hoy el hechizo ya es una realidad y podéis encontrarlo en diferentes librerías. El final del camino. ¿O el principio de otro? En parte, eso depende de vosotros.

martes, 22 de febrero de 2011

INVITACIÓN A LA PRESENTACIÓN DE EL HECHIZO DE CAISSA

Aquí tenéis la invitación oficial para la presentación de El Hechizo de Caissa.

ENTREVISTA EN RADIO SWING MAÑANA MIÉRCOLES 23 de FEBRERO

Mañana miércoles 23, a partir de las 20:15, aproximadamente, me entrevistarán en el programa Jaque Continuo de Radio Swing (107.7 del dial). El programa es de 20 a 21 horas, pero la sección de entrevistas comenzará pasadas las 20:15 o un poco más. Jaque Continuo es el primer programa radiofónico sobre ajedrez de Valencia, dirigido por Yago Gallach, editor de la revista Jaque, y acompañado por el MF (Maestro de ajedrez) Carlos García, campeón autonómico. La entrevista, por supuesto, versará sobre la inminente publicación de El Hechizo de Caissa. Una ocasión perfecta para escuchar de qué va y escucharme contestando a las preguntas de Yago y Carlos.
Pongo esta entrada en el blog para que los que queráis escucharla estéis informados y os podáis programar.
Mis lectores de fuera de Valencia (y también los de aquí, si quieren) podéis seguir la entrevista por internet, buscando la web de Radio Swing.  http://www.swingradio.es/

viernes, 18 de febrero de 2011

¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLO DE ESCRIBIR?

”Sólo hay un modo de hacer dinero escribiendo: casarse con la hija de tu editor” George Orwell.

Permítaseme el chiste de la cita y el parafraseo a Murakami en el título de la entrada.

En los últimos meses tres son las preguntas que más frecuentemente me han hecho. ¿Quién es Caissa? ¿De qué va El Hechizo de Caissa? y ¿Por qué lo escribiste? Las respuestas a estas preguntas no son ningún secreto para quien haya leído atentamente este blog, pero aún así, intentaré contestarlas el próximo día 3 de marzo en la presentación de El Hechizo de Caissa. Pero hay una cuarta pregunta que alguno me ha formulado últimamente, mucho más profunda, no exenta de interés: ¿qué es para ti escribir?

Cinco palabras me viene a la mente para responder a esto: liberación, reflexión, creación, obsesión y superación. Y seguramente todas tienen que ver con mi particular experiencia literaria, así que imagino que otros autores elegirían otras palabras.

Escribir es liberarse de prejuicios sin importarte el qué dirán, el qué opinarán de esto o aquello que sugieres en la novela o una cobarde (¿encubierta?) manera de decir lo que en una conversación habitual jamás dirías. Es prescindir de convencionalismos y crear una realidad que ningún lector cuestionará, por mucho que transgreda todo lo comúnmente aceptado. ¿No es el escritor de ficción un mentiroso acreditado? Al fin y al cabo se trata de eso, de mentirle dulcemente al lector.

Escribir es un proceso reflexivo profundo en el que continuamente sometemos a nuestro juicio situaciones, pasajes, personajes y diálogos preguntándonos continuamente si es apropiado, bello, correcto, adecuado, coherente con las formas de hablar de este personaje, con su idiosincrasia, con su estilo, si la acción resulta forzada, precipitada o fluye correctamente, si el tempo y el ritmo atrapa al lector o lo repele, si lo que allí se cuenta es interesante, si conviene quitar descripciones y añadir diálogos o al contrario, si... Y como todo en la vida, las decisiones que tomas sabes que influirán en la calidad del producto final, pero a veces no eres capaz de valorarlo objetivamente.

Escribir es convertirte en un pequeño dios capaz de producir algo inexistente a base de jugar con las palabras, es insuflar vida a una idea en forma de argumento o ver nacer un personaje al que dotarle de personalidad propia, o tal vez crear un microcosmos en el que sumergir a un posible lector. No es extraño, en consecuencia (y eso estoy empezando a comprenderlo ahora) que el autor considere su obra como un hijo, y le duela abandonarlo cuando teclea la palabra FIN (metafórica o literalmente), e incluso a veces sienta por él un cariño tal que modifique la trama argumental acaso porque sufre de verlo abandonado, despechado o moribundo. El escritor inventa, y el editor patenta.

El periodo temporal en que escribes una novela es un paréntesis en tu devenir cotidiano, donde tu pensamiento vaga permanentemente por tu historia creada mientras tu cuerpo trabaja, duerme, y sobrevive a la necesidad de la rutina cotidiana. Deseas que el reloj no corra mientras tecleas, deseas correr a casa a sentarte en tu escritorio, anotas todo lo que te bulle en la sesera, no sea que olvides esa palabra, esa frase, esa idea que acabas de tener, y olvidas tus aficiones, tus citas, tus pulsiones, tus necesidades, olvidas dormir (¿quién lo necesita?), comer, a veces incluso amar o sufrir, y no hay minuto en el día en que no te acompañen tus personajes.

Escribir es sobreponerte continuamente a tus debilidades, tener un norte inalterable que hace nimias las dificultades y levantarte cada vez que caes en la tentación de destruir un borrador, perseverante, continuo, sin descanso. Escribir es decir mil veces y en silencio “puedo hacerlo”, es reírte de los fantasmas que te animan al abandono, es volver una y otra vez a autoconvencerte de tu capacidad, y es empujarte una y otra vez con el argumento de “ya que he llegado hasta aquí…”

Y cuando todo acaba no aciertas a decidir si te sientes más satisfecho por el trabajo realizado o vacío por la orfandad creada.

martes, 15 de febrero de 2011

PRESENTACIÓN DE EL HECHIZO DE CAISSA

El jueves 3 de marzo a las 19:00 en el Museo L'Iber (C/ Caballeros 20-22) presentaremos "El Hechizo de Caissa". La presentación correrá a cargo de Alejandro Noguera, director del Museo, y Antonio Penadés, escritor y mi profesor del taller literario que realicé precisamente en el museo. Os espero a todos. Aunque no será la única presentación, sí será la primera. 

domingo, 13 de febrero de 2011

RESEÑA DE EL HECHIZO DE CAISSA EN LAS PROVINCIAS

Otra entrada de noticia breve. El sábado 12 de febrero salió publicada una crítica de El Hechizo de Caissa en Las Provincias, edición en papel, páginas de cultura. Disculpad si no se lee muy bien la imagen, pero creo que la reseña da una idea muy clara de lo que es la novela. De todas formas, podéis leerla (resumida) en http://www.lasprovincias.es/v/20110212/culturas/ortega-novela-pasion-ajedrez-20110212.html



viernes, 11 de febrero de 2011

LAS HUELLAS DE LAS LETRAS


”La prudencia de los sabios y la experiencia de las edades acaso puedan ser preservadas a la posteridad merced a las citas” Isaac Disraeli

“Creo en las hadas”. ¿Recordáis Peter Pan?

No ha mucho me preguntaron cuánto había de autobiográfico en El Hechizo de Caissa. Los que habéis seguido este blog y la narración que en él se hace desde el principio sabéis la respuesta a esta pregunta. En realidad hay mucho de sentimientos, percepciones y creencias más o menos ocultas, más o menos reveladas, pero pocas coincidencias entre mis vivencias y las de Marcos o Roberto. Pero sí hay una cosa que puedo gritar bien alto (como los niños de Nunca Jamás): CREO EN EL PODER DE LAS PALABRAS. Y mi personaje preferido de El hechizo también cree en el poder de las palabras. Ambos creemos que lo escrito, las letras, son imprescindibles para preservar el saber popular, y que las citas, los refranes y los dichos aseguran la trasmisión de un saber arcano, profundo y sabio. De ahí que encabece cada entrada de este blog con una cita a modo de preámbulo y/o reflexión, y de ahí que lo mismo haga en los diferentes capítulos de El Hechizo.

Las citas, las sentencias y los refranes pueden parecer pedantería barata, y tienen legiones de detractores, incluso entre los más crueles críticos literarios, pero para mí tiene un poder nemotécnico descomunal, algo así como el poder didáctico del currículum oculto del que hablaba en otra entrada de este mismo blog: parecen triviales, pero dejan huella.

Como soy claramente sospechoso de enarbolar la bandera del “inmovilismo cultural” (absurda acusación, absurdo concepto) y defender a ultranza los usos y costumbres lingüísticos del pasado (creo haberlo dejado muy claro a lo largo de todo este blog criticando abiertamente los argots tecno-modernos) no sé si me creeréis cuando os digo que me aterra un futuro donde nuestro léxico se resuma a un millar de vocablos, donde nuestra memoria no sea sonora (“la musicalidad del refrán, del dicho, de la cita”) y todo sean código binarios, unos y ceros. Seguro que alguno pensará que soy un pesimista apocalíptico y otros muchos me tacharán de…. (“escríbase lo que se quiera aquí”), si digo que me apena cuando me llaman burro o inculto al utilizar expresiones, construcciones, conectores o vocablos del tipo mayormente, en llegando, por mor de, a fuer de, empero, ora bien,… Vaya que reconozco que son arcaicos y poco dados a emplearse en registros lingüísticos cotidianos. Pero la alternativa, los mola un mazo, estas que flipas, etc… me seducen muy poquito. Vale, vale, hay un término medio, lo sé.
Pero siempre nos quedarán las citas como recordatorio de la musicalidad de nuestro lenguaje. Porque cualquiera de los encabezamientos de este blog me impulsa a  reflexionar mucho más que la “customización” del lenguaje. ¿A vosotros no? No mintáis. De hecho muchos de los comentarios que habéis escrito en este blog hacen referencia a la cita más que al texto. Amáis el lenguaje como yo. Os cuesta reconocerlo pero vosotros, como yo, como Roberto, creéis en el poder de las palabras.

Un pequeño recorte:

«Cuenta la leyenda que primero fueron las palabras, y fueron ellas quienes crearon las ideas, los objetos, los seres y los sentimientos. Y que la vida sólo es su molde, su parte visible. Aquí, acaba la leyenda. Entre leyendas y realidades, las palabras emergen, tejen historias, las historias crean vidas y la vida retoma de nuevo la palabra.»

YO CREO EN EL PODER DE LAS PALABRAS ¿Y vosotros?

ENTREVISTA EN LASPROVINCIAS.ES

En la edición de Las Provincias.es de ayer aparece una entrevista que me hicieron en vídeo. Aquí la tenéis.



http://www.lasprovincias.es/videos/plato-lp/entrevistas/784687638001-sopa-letras-fernando-ortega-j100211-0.html

martes, 8 de febrero de 2011

NOTICIA EN EL MUNDO

Una entrada sin cita ni demasiado texto. Una mininoticia.
En la edición de Valencia de El Mundo de hoy 8 de febrero, en las páginas de cultura, sale la noticia de la publicación de El Hechizo de Caissa, la ilustración de la portada que ya conocéis y el extracto de una pequeña entrevista que me hicieron.

LECTURAS

Quizás no haya un día de nuestra infancia que hayamos vivido con tanta plenitud como aquellos que creemos haber dejado sin vivir, lo que hemos pasado con un libro preferido” Marcel Proust.

Recuerdo que mi amigo Antonio, en la primera sesión del taller literario que realicé y del que ya os he hablado en varias ocasiones, formuló una interesante pregunta: si sólo nos dieran una única y excluyente posibilidad, ¿qué preferiríamos: escribir o leer? Casi por unanimidad - y eso que se trataba de un colectivo de escritores o futuros escritores- venció la lectura.

Y es que es así. Al margen del mero placer, la base de un buen escritor (o no tan bueno, no importa) son sus lecturas. Aprendemos de cómo escriben otros fijándonos en su tratamiento de los personajes, en cómo estructuran la trama, en las construcciones de las frases, en las descripciones, en los detalles que registran, en su léxico, en los registros lingüísticos que emplean según los momentos y los casos, en los argumentos que nos presentan, en sus diálogos, en la estructura temporal de la acción, en el tono y la forma, en... mil detalles que te convierten no sólo en un simple y pasivo lector (¡la lectura NUNCA es pasiva!), sino también en un estudiante de la escritura. Incluso tengo buenos recuerdos de algunos libros, no porque me gustase la historia, sino porque la estructura, o el epílogo, o un personaje concreto me impresionó, y tomé nota mental (o escrita) de ello. Es la diferencia entre leer para disfrutar y punto, o leer para disfrutar.., y para aprender a escribir. Por que no existe escritor autodidacta, ya que todos hemos aprendido de lo leído.

Creo sinceramente en la lectura (en el hábito continuado de leer) como el sustrato principal de la cultura. Y no acepto que las nuevas formas de aprendizaje audiovisual puedan sustituir los aprendizajes leídos. Si acaso, complementarlos. Ya sé que es un tema polémico, pero creo que somos lo que leemos. El hecho de que el acto lector sea más esforzado que la mera contemplación audiovisual puede parece un hándicap para los nuevos gurús de la psicopedagogía. Para mí  ES UN VALOR AÑADIDO. Porque creo en la fortaleza y durabilidad de los aprendizajes labrados con el esfuerzo. Y leer es, potencialmente, la mejor herramienta educativa. Aceptaré gustoso todos los comentarios de réplica que deseéis.

He asistido a varias presentaciones de libros de diferentes autores, y en muchas de ellas el público formula una pregunta muy concreta al autor: ¿cuál es tu libro preferido o el libro qué más te ha marcado? Interesante pregunta de difícil respuesta. Pensadlo vosotros mismos. Pensad cuál de todas vuestras lecturas es vuestra predilecta o cuál os ha marcado más. Aquí van mis respuestas.

Respecto a géneros: soy un enamorado de la novela histórica. Santiago Posteguillo, Collen Mc Cullough, Saylor, Renault y Gisbert Haefs son mis autores preferidos, junto con los clásicos Yourcenar y Graves. ¿Títulos? Supongo que decir uno es muy complicado e injusto, pero me decanto por el Aníbal de Haefs.

Soy y fui poco lector de cómics, pero sin duda yo soy mucho de Astérix.

Respecto a narrativa en general, mis gustos son variopintos. Disfruté con Los Pilares de la Tierra (me niego a categorizarla como histórica), leo todo lo que escribe Pérez Reverte (y algunos de sus títulos me gustan mucho más que otros), idolatro Cien años de Soledad, y destaco dos títulos semidesconocidos que me encantaron: La piel fría y Médicos y Traficantes.

¿El libro que me marcó? Otra pregunta difícil. Supongo que por su incidencia en El Hechizo de Caissa, debo citar La variante Lunenburg, de Mauresing.

¿Lo último que he leído? Venganza de Sangre, de Sebas Roa, una fabulosa novela de aventuras medievales muy recomendable.

¿El libro que más veces he releído? Esta es fácil. El Aníbal de Haefs. Una obra maestra.

Un interesante ejercicio reflexivo: haceos estas mismas preguntas y veréis que quizás las respuestas no sean tan obvias. Y si queréis, ilustradnos a todos con vuestras contestaciones en los comentarios, que siempre es bueno escuchar o leer recomendaciones variadas.

sábado, 5 de febrero de 2011

CARTA DE INVITACIÓN A LA LECTURA

"Hay cosas conocidas y  cosas desconocidas, y en el medio están las puertas" Jim Morrison

Puesto que ya está publicada en la web de la editorial Viceversa, os pego la carta de invitación a la lectura de El Hechizo de Caissa que escribí. Se trataba de animar al lector que veía el libro en una estantería a hojear/ojear el libro, a modo de puerta de entrada.

Saludos, amigo lector.
Siempre he sentido curiosidad por los personajes marginales. Me fascina esa presencia callada del frikie, como se dice ahora, del bicho raro, del niño tímido y apocado que no gusta de correr tras el balón, del rarito que tiene intereses y aficiones diferentes a la mayoría. Al hombre le gusta tanto ser especial como le asusta ser diferente. Y qué mejor contraste para un activo deportista de contacto y profesor de educación física como yo que un deportista sedentario, que un ajedrecista. Sobre esta idea navega mi inquietud literaria, y arraiga en mis recuerdos infantiles.
Recuerdo un gozoso día de uno de mis primeros cumpleaños. Mi tío Enrique, que en paz descanse, a la sazón mi padrino, se me acercó y me entregó un objeto rectangular envuelto en papel de regalo. “Toma, turrón”, me dijo a modo de felicitación. Abrí el envoltorio descuidadamente para descubrir que el turrón de mi tío Enrique era un juego de ajedrez magnético. Ahora me sonrío cuando recuerdo la expresión “dulzura de los inicios”. ¡Qué apropiado símil! Aquel obsequio se convirtió pronto en mi silencioso acompañante.
Pasaron los años en los que olvidé mi afición dedicándome a otros menesteres, y el destino me encontró de nuevo en un tablero. Para entonces las cicatrices de la juventud me animaron a aceptar el reto de aquella olvidada pulsión. Al principio fue un juego, luego un placer oculto, más tarde fue deporte y aún hoy lucho por dirimir si es una obsesión enfermiza o una válvula de escape imprescindible en mi vida. Pero coincidió que por aquel entonces yo ya me dedicaba a jugar al tetris con las palabras, a emborronar folios, y era tanto lo que me sugería aquel fascinante mundo, que no pude resistirme al impulso de escribir sobre él. Había leído mucho sobre la personalidad de los campeones del mundo, de los Grandes Maestros, de los genios. Pero ¿qué hay del simple aficionado hechizado por el influjo de Caissa, la diosa del ajedrez? Ese era el núcleo de mi interés.
Este no es un libro técnico de ajedrez. No es necesario conocer ninguna técnica, ni jugada, ni siquiera conocer las normas por las que se rige el juego. Es un libro que versa sobre la vida, sobre el amor juvenil, sobre el honor deportivo, sobre la incomprensión, sobre nuestras más secretas obsesiones y sobre el auténtico significado de la palabra triunfo. No es una novela para aprender ajedrez, sino para aprender a gozarlo.
Creo necesario sincerarme con el lector y reconocerle que la fase de documentación de esta novela fue tan larga como gratificante. Cuando comencé a escribir El hechizo de Caissa me obligué a documentarme en profundidad, lo que suponía convertirme en ajedrecista, sentir lo mismo que siente Marcos, el protagonista y narrador, gozar y sufrir como él y con él, en las victorias, en las derrotas, en la larga e inconclusa ruta del aprendizaje... Lo cierto es que ahora no sé si soy un escritor que ha narrado una historia ambientada en el maravilloso universo del ajedrez o un ajedrecista que ha escrito lo que siente. Ahora ya soy un esclavo de la diosa Caissa. Para conocerla tuve que acercarme mucho, y caí en sus redes. Me hechizó. He pagado con gusto el precio, y sólo deseo que a ti, lector, te guste tanto leer esta historia como a mí me ha apasionado su escritura.
Si decides leer esta novela, prepárate a descubrir un mundo fascinante tras el contraste albinegro del tablero, tras la evidencia lúdica de las figurillas de madera, tras el secreto que esconde el pasado de sus protagonistas. Y tal vez identifiques en tu interior a algún niño olvidado que recibió una pastilla de turrón y renunció a sus anhelos. 
Bienvenido al reino de Caissa, y no olvides que detrás de toda historia siempre hay algo más. Si quieres descubrirlo conmigo, ¡adelante! porque “La ronda final está expuesta”…

Fer Ortega

Quizás algún lector incondicional de este blog, o algún curioso interesado en el hechizo ya haya descubierto que en la web de la editorial viceversa se ofrece a la lectura en pdf el primer capítulo de El Hechizo de Caissa. Una puerta de entrada.

miércoles, 2 de febrero de 2011

LA PREGUNTA DEL MILLÓN

Yo nunca busco temas, dejo que los temas me busquen y yo los eludo, pero si el tema insiste, yo me resigno y escribo.” Jorge Luis Borges.

¿Se es escritor con un único libro publicado? Por una mosca que maté, matamoscas me llamaron... Y, ¿el escritor nace o se hace?

Vale. Ya oigo a algunos argumentar que ambas cosas, que el ambiente y la educación hacen mucho, que tus lecturas anteriores, que tu formación en cursos, clases, prácticas…, pero que también hay que tener algo de chispa, de inspiración, de talento...

Yo creo que el segundo argumento muchas veces es más una excusa para no intentarlo que una evidencia empírica. De lo del primer argumento estoy absolutamente convencido, y de no ser así mal profesional de la educación sería.

He sido un poco injusto con algunos amigos y compañeros. Concretamente en la entrada titulada “Las apariencias engañan”, donde me sorprendía que se extrañasen de que yo fuese capaz de escribir un libro. Digo que he sido injusto porque con sinceridad también a mí me sorprende, no porque me sienta incapaz para ello, sino porque hace bien poco no me podía imaginar como escritor. Como respuesta a la entrada de hoy me gustaría que hubiese varios comentarios, porque creo que necesito ayuda para aclararme, para dilucidar mi naturaleza, sobre todo me interesan las opiniones de los que más me conocéis, pero de todos en general.

Durante toda la secuencia del blog he narrado cómo me enamoré de Caissa y cómo escribí El Hechizo, así como mis motivaciones. No sé si he querido engañarme a mí mismo (o a vosotros), o si en algún momento he dado la impresión de ser más una cosa u otra pero, ¿qué soy?

a) Un ajedrecista que ha escrito una historia de lo que conoce.
b) Un escritor que se ha documentado en profundidad para escribir una novela enmarcada en el mundo del ajedrez.
c) No, ni lo pienses. No vale decir que las dos cosas. Esa es la respuesta fácil, tibia, sin compromiso, muy diplomática y absolutamente inútil. No me ayuda en nada.

DIÁLOGO INTERNO. Argumentos a favor de la opción a:
  1. Fer, tú nunca has tenido inquietudes literarias. Porque sí, te encanta leer, eres un tío claramente de “letras”, pero hasta hace cuatro días no habías escrito nada.
  2. Querías contar algo del mundo ajedrecístico, ese universo que te tenía subyugado. Pero no se te ocurriría (ni sabrías) escribir una novela romántica, o un poema, o ciencia-ficción, o novela histórica, o misterio, o novela negra, o fantástica, o… Tu primer intento de escritura fue también una historia ajedrecística (EODC ¿¿recordáis?). No sabes escribir de otra cosa. Eres monotemático y soso.
  3. Cuando me di cuenta de lo mal jugador que era probé a abordar el ajedrez en otra vertiente. Fue una huida hacia delante para evitar deprimirme por ser un fracasado deportivamente (¡sólo 1920 de ELO después de 15 años!). Sabías que ya no podías mejorar tu juego, pero que no podías dejar de pensar en él. Por eso escribiste el hechizo.
  4. ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿El ajedrez o la escritura? Cronológicamente…, el ajedrez. Está claro ¿no?
  5. Ya has intentado un segundo proyecto –nada relacionado con el ajedrez- y has fracasado, has abandonado a las veinte páginas. ¿Acaso lo has olvidado?
DIÁLOGO INTERNO. Argumentos a favor de la opción b:
  1. Bueno, he escrito una novela ¿no? Y ha gustado (al menos a mi mamá y mi papá, jeje).
  2. (Los que habéis leído el borrador tenéis ventaja). Pero la novela, aunque está enmarcada en el mundo ajedrecístico, no habla de ajedrez. Habla de sentimientos, de relaciones paterno-filiales, de maduración y crecimiento personal, de la adolescencia, de la integración, del amor juvenil, de la educación, de la singularidad, de la amistad, del agon, de cómo afrontar la vida, de aficiones y obsesiones, de… El ajedrez es más una excusa (permanente, pero no tan esencial como pueda parecer) que un tema exclusivo. Más bien es un tema “vertebrador”.
  3. Bueno, prescindamos de lo del argumento. ¿Qué hay de la forma? Habrá que esperar a que los lectores la critiquen. De momento, una incógnita.
  4. Desde que acabé el primer borrador del hechizo, hace casi ya dos años, apenas he jugado. Quizás mi objetivo era ese, escribir la novela, y una vez cumplido ya no necesito tanto ajedrez. De hecho, todo lo que hice antes del hechizo (organizar torneos, estudiar historia-aperturas-teoría, dar clases, jugar a nivel medio-alto, navegar en internet por páginas de aprendizaje-juego-actualidad, jugar matches individuales, jugar a al ciega, etc…) ya no lo hago. Casi ni juego. Casi ni me acuerdo de jugar.
  5. Bueno, también he escrito este blog… ¿eso cuenta? Claro que para escribir en el blog no hace falta demasiado talento.
                                AJEDRECISTA 5 - ESCRITOR 5

Yo sé cuándo desempataré: si alguna vez consigo escribir una segunda novela.
¿Será la cita de Borges la solución a la pregunta del millón? 
Hoy sí me encantaría leer vuestros comentarios. Venga, sed buenos.